viernes, 21 de agosto de 2009

No sé que pensar. Estoy muy cansado. Hoy o lo que le dijeron que se llamaba "el veintiuno del mes de agosto" me cansé físicamente más de lo que estoy acostumbrado. Está bien. Sonreí mucho en todo el día, está muy bien. Me sentí jugando un descomunal intento de tomar hielos entre mis dedos suaves y calientes. Mi negrita intención de comer las cosas en el aire no es más que un pendejo intento por desvanecer mis cotorreos líricos encallejonados. Como cuatro palabras mudas y ciegas: No sé donde estoy. Me encuentro sentado, escribiendo esto frente a una onda tecnológica que no es como el technoviking, sino que realza la pinche intención de simular escribir - ESCRIBIR? - en una hoja en blanca una sarta de mamonerías que no tienen cabida más dentro de mi cabeza, por ahora, en un huso horario colocado cercano a las doce y ventiséis antes del pinche meridiano. No entiendo que es lo que se supone que tenga que sentir. Me siento raro, y hasta ahí puedo decir yo, vivo.


Arrivederci

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